16 enero 2020

Eduardo, estamos encantados de poder compartir contigo este rato de conversación. Te agradecemos mucho que nos hayas cedido algo de tu tiempo.
A menudo, la opinión pública recibe una visión negativa de la relación actual del hombre con la naturaleza. Sin embargo, sabemos que desde Global Nature preferís trasladar experiencias positivas, reforzar la colaboración y participar activamente en el cuidado de nuestro entorno. ¿Cómo entendéis, y tú en particular, esta relación? ¿Consideras importante pasar de una cierta visión de enfrentamiento a una de cooperación?
Efectivamente, con 7.000 millones de personas en el planeta, no cabe otra solución que enfocar el desarrollo como una cooperación. La competitividad entre empresas, la competitividad entre países y el low-cost son la principal causa de la destrucción de nuestro entorno. La Fundación Global Nature sólo puede desarrollar una serie de proyectos pilotos que, a su vez, permitan modificar legislaciones, planes y procesos. No podemos salvar el planeta, pero sí intentamos dar unas pautas con las cuales se demuestre que es posible producir y conservar la biodiversidad y la naturaleza en paralelo a una actividad económica.
Sabemos que has participado en varios congresos de ética ambiental y nos gustaría preguntarte: ¿cuáles son, en tu opinión, los principales retos en ese ámbito y cómo se pueden afrontar?
El principal reto es modificar el comportamiento del consumidor y llegar a las empresas. Por una parte, el consumidor hace política cada vez que toma una decisión de compra, ya sea de un producto o un servicio. Por ello, es fundamental formar al consumidor en sostenibilidad y, sobre todo, modificar el hábito del consumo desenfrenado al que nos bombardean en este momento.
Al consumidor se le ha manipulado hábilmente durante muchas décadas, Hemos visto como, en muy pocos años, ha disminuido el consumo de carne y grandes cadenas de comida rápida han pasado a comercializar hamburguesas de carne 100% nacional e, incluso, hamburguesas veganas. No voy a avalar completamente estos cambios, pero sí son demostrativos de lo que está forzando el consumo.
Es fundamental la educación desde la infancia para un consumo responsable.
Por otra, no podemos dejar toda la responsabilidad en el consumidor. Cada vez que una empresa coloca un producto o un servicio en el mercado está haciendo un acto moral y debe comenzar a tomar decisiones desde principios éticos y no solamente comerciales o de demanda del consumidor. Estamos hablando de una educación desde la infancia en un consumo y en una producción responsable y en un comportamiento ético, no sólo de enseñar matemáticas.
Desde la Fundación tenéis en marcha diferentes proyectos de educación ambiental y desarrolláis voluntariado con diferentes colectivos. ¿Cómo ves la situación de la educación ambiental en España?
Creo que se queda en la superficie. Se habla del medio ambiente en general, de cómo funciona la naturaleza, de la biodiversidad, de cómo contaminan los plásticos o de qué es el cambio climático, etc. Pero no se habla del punto al que me refería anteriormente: del comportamiento ético. Hay que ir más allá de una educación medioambiental o de una educación para la ciudadanía. Estamos hablando de algo mucho más profundo, de una educación en la que también tiene que entrar la familia. Me explico; el comportamiento ético no sólo se traduce en una toma de decisiones hacía un consumo responsable, sino en todos los ámbitos de la vida. Hablamos desde no robar un bolígrafo en un banco, a devolver una cartera o no poner los pies en el asiento de enfrente en el autobús, porque es un patrimonio de todos. Estoy hablando quizás de una utopía y pasa por cambiar el chip que nos implantan ya desde niños.
Global Nature es una fundación privada, dedicada a la protección de la naturaleza. Su misión es contribuir de forma significativa a la protección de la naturaleza y la biodiversidad, promoviendo políticas de sostenibilidad y estrategias de conservación que permitan crear valor para todos los sectores implicados.