19 Feb 2026
El estudio La opción de las familias por la educación no formal en España recoge de manera íntegra los resultados de la investigación desarrollada en España para comprender en qué medida, cómo y por qué las familias complementan la educación formal de sus hijos con apoyos educativos adicionales.
La investigación en España ha sido dirigida y desarrollada por Juan Carlos Rodríguez (investigador de Analistas Socio-Políticos), quien ha contado con la participación de Mercedes Esteban Villar (vicepresidenta de la Fundación Europea Sociedad y Educación). Los principales resultados comparados entre España y Portugal referidos a las clases de repaso los ha difundido recientemente el Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa” en el informe La educación en la sombra en la Península Ibérica, elaborado en colaboración con un equipo de economistas lusos de la Nova School of Business and Economics.
El documento que ahora se publica constituye la versión completa y ampliada correspondiente al caso español, y desarrolla con mayor detalle el enfoque metodológico, el análisis estadístico y la interpretación de los resultados. Está basado en una encuesta de 2024 aplicada online a una muestra de 2.500 padres o tutores con hijos de 6 a 18 años escolarizados en Educación Primaria, Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Ciclos Formativos de Grado Básico o Medio, o Bachillerato. El análisis estima que un 25,7% de esos estudiantes cursaba entonces clases de refuerzo o repaso, un 69% participaba en otras actividades extraescolares (idiomas, deportes, música, teatro, etc.), un 15,8% combinaba ambas modalidades de educación no formal, y un 21,1% no participaba en ninguna.
En el curso de referencia del informe (2023-2024) el recurso a las clases de refuerzo es reducido en el primer ciclo de Primaria (12,2%), aumenta a lo largo de la enseñanza general y alcanza su máximo en Bachillerato (35,6%), mientras que es menor en la formación profesional (19,5% en los ciclos básicos y 9,6% en los medios).
Como era esperable, el recurso a las clases de refuerzo es mayor cuanto peor es el rendimiento académico del estudiante: las recibe el 36,3% de quienes sus padres consideran como alumnos de “bien” o menos, aunque también las usa el 15,6% del alumnado cuyos padres califican “de sobresaliente”.
Por materias, el Inglés concentra la mayor demanda (52,7%), seguido de las Matemáticas (40,2%) y del refuerzo general (24,6%), mientras que la Lengua (11,5%), la Física (10,9%) y la Química (8,4%) presentan porcentajes claramente menores. El rendimiento del estudiante se asocia negativamente con el recurso a clases de refuerzo en todas las materias, con la excepción del Inglés.
Las principales motivaciones para recurrir a esas clases particulares tienen que ver con la insuficiencia de las calificaciones. Primero, porque se perciban riesgos presentes o futuros de suspenso (un 12,5% las da para aprobar una asignatura que estaba suspendiendo; un 12% afirma que el estudiante siempre ha tenido problemas para aprobar la asignatura; y un 10,6% habla de un empeoramiento de las notas y del riesgo de suspender). Segundo, porque se observe que el estudiante no alcanza su mejor nivel (28,6%). Y tercero, de cara a la selectividad, razón que menciona un 5,3% de los entrevistados, pero asciende a un 48,8% si el hijo de referencia está matriculado en 2º de Bachillerato—lo cual implica que casi la quinta parte de los matriculados en ese curso estaría recibiendo clases de refuerzo para afrontar la EBAU.
Además, los entrevistados mencionan dos tipos de carencias. Una es la propia: un 24,9% no cree poder prestar a su hijo o hija la ayuda necesaria. Más relevantes son las que perciben en el sistema de enseñanza: para un 17,4%, en la escuela no le enseñan todo lo necesario y para un 12,4%, la escuela no ofrece la ayuda adicional necesaria.
Los estudiantes que reciben clases de refuerzo les dedican, por término medio, unas tres horas semanales. El gasto mensual medio es de 97 euros, con un 6,8% de los entrevistados que dice que son gratuitas y un 29,7% que paga más de 100 euros al mes. El precio por hora, excluyendo las gratuitas, es de 9,15 euros.
El recurso a las clases particulares varía poco según la situación económica del hogar. Los entrevistados que llegan a fin de mes con dificultades presentan un porcentaje algo más bajo (23,1%) que el resto (cercano al 26%).
La participación en actividades extraescolares es máxima en Primaria (cerca del 80%), menor en la ESO (alrededor del 60%), el Bachillerato (cerca del 50%) y en la formación profesional (cerca del 40%).
La práctica de extraescolares varía según el nivel educativo de los padres y los ingresos: participa el 48,7% de los hijos de familias con estudios bajos, frente al 79,8% de los hijos de titulados universitarios; a su vez, la participación va del 50,8% en los hogares de bajos ingresos al 80,4% en los de ingresos altos.
Las extraescolares son principalmente deportivas (en un 82,3% de los casos se menciona un deporte), seguidas de los idiomas (31%), la música (15,6%) y el baile o el teatro (14,2%). Llamativamente, cursar estudios en un centro bilingüe no reduce la participación en clases de idiomas (que serán casi siempre de inglés), igual que tampoco influye en la necesidad de dar clases de repaso de esta asignatura.
Los estudiantes dedican, por término medio, 3,6 horas semanales a la actividad en la que se ha centrado el análisis: la media de las deportivas es de 3,9 horas; la de las artísticas, 3,1 horas; y la de los idiomas, 3 horas. El coste mensual medio es de 46,2 euros, con un 8% de casos de actividades gratuitas y un 22,2% que supera los 50 euros. El precio medio por hora estimado es de 4,4 euros, excluyendo las gratuitas, y oscila entre los cerca de 3 euros de las actividades deportivas y los 6 euros de las de idiomas o los 6,8 euros de las de música.
La satisfacción media de las familias con las extraescolares es de 8,49 en la escala del 0 al 10, muy similar a la satisfacción media con las clases de refuerzo, con un 8,39.
En la investigación se descubren diferencias sustantivas entre las familias de nivel de estudios altos o medio-altos y las familias con un nivel de estudios inferior. Las primeras optan más por la ampliación de la enseñanza formal mediante las extraescolares. Las segundas optan más por intentar, con las clases de refuerzo, que sus hijos alcancen los objetivos más propios de la enseñanza formal.
La enseñanza no formal, en sus dos modalidades, como ampliación de la formal o como remedio de sus insuficiencias, es un fenómeno muy extendido. Lo cual, probablemente, nos dice más de las limitaciones del sistema educativo formal que de las desigualdades en el acceso a la oferta educativa no formal.
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