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08 Abr 2026

La libertad académica en retroceso: ¿un síntoma del desgaste democrático?

¿Puede el retroceso de la libertad académica ser un síntoma de la erosión de nuestros sistemas democráticos?

Esas son las conclusiones de las que se hace eco el Diario ABC que se pueden extraer del Índice de Libertad Académica, que evalúa los sistemas universitarios de 179 países y que se calcula combinando los análisis de expertos con modelos estadísticos. Este índice se fija en cinco grandes cuestiones:

  • la capacidad de investigar temas sin interferencias indebidas;
  • el intercambio de ideas sin restricciones;
  • la autonomía institucional;
  • la integridad del campus
  • y, por último, el derecho de los académicos a expresarse sobre temas de actualidad.

El índice de 2026, que se publicó hace unos días, destaca el deterioro del sistema universitario de Estados Unidos, quizá el más influyente del mundo, donde la libertad académica ha experimentado un descenso notable en los últimos años.

España, aunque sigue situándose en el grupo alto a nivel mundial (entre el 10–20%), ha descendido respecto a evaluaciones anteriores, alejándose del grupo de países con mayor libertad universitaria, donde predominan los sistemas del norte de Europa.

«Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía. No hay que olvidar que venimos de años en los que se ha normalizado que determinadas líneas de investigación fueran directamente rechazadas». Miguel Ángel Sancho.

Como señala Miguel Ángel Sancho Gargallo Ángel Sancho, presidente de Fundación Europea Sociedad y Educación: «Claro que influyen las decisiones tomadas por la segunda Administración Trump, pero hay que tener en cuenta el clima ‘woke’ que le precedía. No hay que olvidar que venimos de años en los que se ha normalizado que determinadas líneas de investigación fueran directamente rechazadas».

La reflexión es clara: la libertad académica no solo afecta a la universidad, sino que es un termómetro del estado de nuestras democracias. Su deterioro, aunque gradual, debería invitarnos a actuar antes de que deje de ser reversible.

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