Publicado el 29 Abr 2026 / 2 comentarios
Editado por Pilar García Prieto – Fundación Europea Sociedad y Educación
Las aulas se vacían: España perderá más de 600.000 alumnos preuniversitarios en una década. Esa cifra, en apariencia abstracta, tiene una traducción concreta y próxima: el sistema educativo español está a punto de enfrentarse a su mayor contracción en décadas. Así lo constata el estudio ‘El impacto de la demografía en el sistema educativo español. Proyecciones a cinco y diez años’, publicado conjuntamente por la Fundación Ramón Areces y la Fundación Europea Sociedad y Educación, y elaborado por el catedrático de Sociología de la UNED Miguel Requena. El informe proyecta una reducción de más de 600.000 alumnos en las etapas preuniversitarias entre 2025 y 2035.
La caída histórica de la natalidad —solo 318.005 nacimientos en 2024— comenzará a trasladarse a las aulas con toda su intensidad antes de 2030. Primaria y la ESO serán las etapas más afectadas, aunque el impacto será desigual entre territorios.
España registró en 2024 el número más bajo de nacimientos en más de un siglo: 318.005 bebés, con una tasa de fecundidad de 1,1 hijos por mujer, una de las más bajas de la Unión Europea. Tras décadas de crecimiento sostenido del sistema educativo —impulsado por la incorporación de la mujer al mercado laboral, la llegada masiva de población inmigrante y la mejora de las tasas de escolarización—, España entra ahora en lo que el informe denomina una etapa de ajuste cuantitativo. Las cohortes nacidas desde 2010, cada vez menos numerosas, empezarán a trasladar plenamente sus efectos a las aulas en los próximos años.
La etapa con mayor impacto absoluto será la Educación Primaria (6-11 años), que perderá casi 400.000 alumnos a lo largo de la década. La mayor parte de esa caída —más de 308.000 estudiantes— se producirá ya en el primer quinquenio, entre 2025 y 2030. La ESO (12-15 años) experimentará una pérdida acumulada de 376.000 alumnos, con una caída especialmente pronunciada a partir de 2030, cuando los efectos demográficos lleguen con más fuerza a la secundaria. El Bachillerato perderá más de 150.000 alumnos en el mismo período.

No todo el sistema educativo seguirá la misma tendencia descendente. El estudio identifica dos ámbitos con perspectivas claramente positivas.
La escolarización de 0 a 2 años (Infantil 1.ª ciclo) continuará creciendo impulsada por cambios sociales, laborales y familiares —como la mayor participación femenina en el empleo y la transformación de los modelos de crianza—, hasta alcanzar tasas de escolarización cercanas al 70% en 2035. Se trata de una excepción que va a contracorriente del resto del sistema.
En el extremo opuesto del recorrido académico, los másteres universitarios mantendrán una expansión sostenida durante toda la década, con un perfil de estudiante cada vez más adulto y orientado a la formación continua. Los grados, por su parte, crecerán hasta 2030 —en torno a 183.000 estudiantes adicionales—, antes de iniciar una fase de ajuste al incorporarse las cohortes más jóvenes y reducidas.

Uno de los aportes más relevantes del informe es su desagregación territorial, con proyecciones a escala autonómica y provincial. El retroceso demográfico no golpeará por igual a todos los territorios: existirán dinámicas muy distintas dentro del mismo país.

Mientras Almería se perfila como el único oasis demográfico del país —la única provincia con crecimiento proyectado incluso en Bachillerato—, Galicia, Asturias y Extremadura afrontan un vaciamiento escolar de difícil reversión. Madrid y Cataluña perderán muchos alumnos en cifras absolutas, pero conservan dinamismo demográfico. La Comunidad Valenciana y Murcia muestran más resistencia que la media.
El informe subraya además que las diferencias no solo se dan entre comunidades autónomas, sino dentro de ellas: la brecha entre provincias de una misma región puede ser tan marcada como la que existe entre territorios distintos.
El informe describe un horizonte de «aulas cada vez más vacías» que obligará a replantear la organización de centros, plantillas e infraestructuras en todo el país.
Detrás de estos números hay decisiones que no pueden esperar. El informe identifica los frentes donde la acción pública es más urgente: la red de centros y unidades escolares, la planificación del profesorado, la inversión pública en etapas con crecimiento real —como la educación infantil temprana— y las estrategias de formación a lo largo de la vida. Hay un diagnóstico de fondo que el informe no elude: la fecundidad ultrabaja no es solo una tendencia estadística. Es el resultado de un entorno de incertidumbre laboral, dificultad de acceso a la vivienda y ausencia de políticas de apoyo real a las familias. Sin cambios estructurales en esas condiciones, la recuperación de la natalidad será mínima.
España deberá reorganizar con anticipación sus recursos materiales y humanos. Mientras Primaria y Secundaria afrontarán ajustes por exceso de capacidad —cierres o fusiones de centros, redimensionamiento de plantillas, reorientación de la inversión pública—, otras áreas del sistema como la educación temprana y el posgrado necesitarán crecer y adaptarse a nuevas demandas. El estudio apunta directamente a la planificación de profesorado, la red de centros escolares, los servicios complementarios y las estrategias de formación a lo largo de la vida como los frentes donde las decisiones de hoy tendrán mayor impacto mañana.
Etiquetas: bacimientos / demografia / derecho a la educación / Natalidad / Primaria / Ramon Areces / rendimiento
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Me parece un artículo muy interesante
El informe no se limita a levantar acta. No es igual que haya más o menos alumnos y que sea solo un problema técnico de adaptar recursos a necesidades: oferta a demanda, y ser eficientes.
De fondo, hay que revertir la tendencia hacia una sociedad envejecida. Por eso hay un diagnóstico de fondo que el informe no elude: la fecundidad ultrabaja no es solo una tendencia estadística. Es el resultado de un entorno de incertidumbre laboral, dificultad de acceso a la vivienda y ausencia de políticas de apoyo real a las familias. Sin cambios estructurales en esas condiciones, la recuperación de la natalidad será mínima.